Hay un momento, alrededor de los veinte años, en el que tomamos una cantidad enorme de decisiones sobre cómo va a ser nuestra vida adulta. Dónde queremos vivir, de qué queremos trabajar, qué tenemos que estudiar, cómo imaginamos nuestra situación económica y cómo vamos a sostenerla. Con quién queremos compartir nuestros días, si vamos a tener hijos o no. Las respuestas pueden ir cambiando, podemos fracasar en los intentos, pero sabemos que la vida adulta se diseña. Son decisiones que se toman cuando todavía somos muy jóvenes y que, por décadas, marcarán casi todo nuestro recorrido.

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